:: UN CUENTO DEL DESIERTO
Harunaka La locura que provoca
el desierto profundo en aquellos que de tanto comtemplarlo terminan por comprenderlo.
Los conductores de camellos que aún mercadean con la sal, evitan mirar
siempre al horizonte durante mucho tiempo.
Dicen que donde la arena se mezcla con el cierlo está el misterio de
la vida.
Dicen que en las ondas del calor que desdibuja los espacios imposibles está
el secreto del desierto.
Dicen muchas cosas cuando las llamas de los fuegos nocturnos dibujan extrañas
formas en sus arrugados rostros.
Luego te miran y se rien a carcajadas. De ti. De tu cara de niño. Y
te cuentan otro cuento.
Cuando alguien comprende el desierto. Dicen. Y hacen una pausa.
Cuando alguien aprende a sabe leer las formas de la arena y que esconde la
última duna.
Cuando el viento le habla y el sol es su amigo.
Ese alguien se vuelve loco.
Dicen que ese alguien se aleja por caminos que solo los locos conocen y se
sientan escuchar al viento y los susurros de la arena.
Dicen que ofrece su nuca al sol, al modo bereber. Y se vuelve desierto.
Te miran y se rien.
Pero tu sonrisa es extraña y tu mirada es seria. Te miran más
profundamente.
Hay muchos desiertos. Y no todos son de arena.
Traen más té. La noche es muy larga en los desiertos. Y hay
muchas historias que piden ser contadas.