:: TOMUJI EL ARTESANO
Se llamaba Tomuji.
Tenía un puesto de curiosidades en Tokushima, en la provincia de Awa.
Tomuji era ciego. Aprendió el arte de hacer dragones voladores en China,
sirviendo al general Tsuzurao, durante la paz de los Diez Años tras
las Guerras del Jade. Entonces era joven y un maestro de armas.
Su especialidad eran los dragones voladores de la clase furyo (que significa
"dragón tumbado").
Tomuji hacía dragones de papel de seda y ponía un corazón
de brasa en su interior. Sus dragones voladores eran famosos en al menos siete
provincias.
Nadie sabía cómo un ciego era capaz de hacer dragones tan bellos
y perfectos. Y el secreto de la "llama de Tomuji" estaba en los
murmullos envidiosos de los demás vendedores de curiosidades, que aunque
intentaban vender otros animales voladores, ninguno de ellos lograba mantenerlos
tanto tiempo flotando en el aire.
Anclado de un hilo de pescar a un alto poste de teca, desde el amanecer al
anochecer, un dragón volador de seda negra de la clase furyo desafiaba
desde las alturas a todos los gremios en la entrada del puesto de Tomuji.
Era el distintivo de su oficio. El más bello y perfecto de todos los
que habían pasado por su negocio.
Una tarde, tras beber mucho sake, los demás vendedores decidieron aprovechar
que Tomuji había sido llamado al Palacio del Duque de Awa. Tenía
que presentar un dragón volador con escamas de oro que había
sido encargado expresamente como regalo especial para el decimotercer cumpleaños
de la única hija del Duque.
Entraron en su taller, asesinaron a sus ayudantes y robaron sus secretos:
la mezcla de carbón y pólvora china prensada que alimentaba
el corazón de sus dragones llenándolos de aire caliente, y el
papel de seda cubierto de ceras que hacía vivos, livianos y resistentes
a sus diseños.
Los vendedores se apresuraron a utilizar estos secretos,
llenando sus puestos de animales voladores similares a los de Tomuji.
Cuando Tomuji regresó del Palacio lleno de oro y regalos semanas después,
los vendedores se rieron de él mientras se acercaba a su casa.
Todo el barrio de los artesanos estaba ahora lleno de ranas, tritones, golondrinas...
y otros muchos animales voladores sujetos por hilos de pescar, al estilo del
dragón de seda negra del puesto de Tomuji.
"Tomuji" -decían los demás vendedores a su paso. "¿Qué
tienen ahora de especial tus dragones ?"
"Los nuestros duran en el aire el mismo tiempo, y están hechos
con las mismas sedas enceradas."
Xan, de la provincia china de Yunnan, el único de los ayudantes de
Tomuji que no estaba en el taller cuando fue atacado, corrió donde
su maestro y le contó con pocas palabras lo que había sucedido.
Dos lágrimas cayeron de los ojos ciegos de Tomuji.
Sacó de su manga izquierda un pequeño cuchillo de cortar papel
de seda, y dirigiéndose a los demás vendedores dijo:
"Hay una cosa que mi dragón negro puede hacer que no podréis
nunca copiar o robar."
A continuación cortó el hilo de pescar que anclaba el dragón
a su poste de teca y dijo:
" Kiku, mi amada, nos vamos. Destruye este poblado de malvados".
El perfecto dragón negro de la clase furyo que parecía de seda
se elevó en el aire y desplegó sus alas, respiró profundamente
y se hizo gigante.
A continuación destruyó el barrio de los artesanos y mató
a todos los vendedores y sus familias.
Nunca más en Tokushima hubo otro barrio de artesanos. Las gentes tuvieron
que acudir a Oiso, un poblado cercano, en la provincia de Mimasaka, a hacer
sus compras.
Algunos dicen que Tomuji, su ayudante chino Xan y el dragón
negro volvieron a China abandonando Japón para siempre.
Chancha, mi contador de historias, dice que fueron aún más lejos.
Una vez, después de brindar mucho con sake, prometió contarme
porqué Tomuji quedó ciego, y cómo logró desposar
a una hembra de dragón negro.
Aún espero conocer ese secreto.